Este diez de mayo, a comparación de otros años, la conmemoración del Día de las Madres tuvo un tinte diferente, en los panteones del municipio de Acapulco.

Tal es el caso del cementerio de Las Cruces, que alberga a centenares de mamás que se adelantaron en el camino a rendir cuentas al creador, pero que viven intensamente en nuestros corazones.

En el popular barrio de los muertos, se permitió el acceso a los escasos porteños que llegaron con la esperanza de poder compartir un momento con mamá, con la hermana, con la abuelita que hoy, yace en el valle de los recuerdos.

En ese tenor, el director de panteones Gerardo Sánchez Meza, dijo que se controló que las escasas personas que ingresaron al cementerio lo hicieran en acato de las medidas sanitarias como el uso de cubrebocas, gel antibacterial y sana distancia.

En el panteón, las tumbas no se vieron con el colorido tradicional de cada diez de mayo, la tradicional vendimia de agua, refrescos y alimentos. No hubo música ni mariachi tocando el tradicional «Amor Eterno», que hace llorar a más de uno.

A las afueras tampoco se formó el tradicional cuello de botella vehicular ni las laterales de la rampa del maxitunel se saturaron de automóviles.

Al respecto familiares que arribaron al panteón se dijeron felices y agradecidos por la oportunidad de compartir un momento con ese ser querido que se adelantó en el camino. También reconocieron que los tiempos actuales, obligan a extremar cuidados.

Don Aurelio aprovecho el acceso para visitar a su abuelita, a quien con lágrimas en los ojos la recuerda como una santa, que siempre vio por su familia.

A la vez y con lágrimas en los ojos, recomendó cuidar y aprovechar el tiempo con mamá, porque ese jamás regresa.